En esta transformación digital de la relación de los sistemas y profesionales de salud hacia los ciudadanos nos estamos encontrando con una novedosa posición respecto a los recursos digitales dirigidos a la sociedad: relacionamos la utilidad de estos recursos respecto al consumo (entiendo por consumo la lectura, comprensión y adopción de una nueva actitud ante la información) de webs, blogs, apps, dispositivos sensores, productos electrónicos en general – también Realidad Virtual o Realidad Aumentada – que se supone que van a producir no sólo un cambio de actitud, sino una mejora del estado de salud del usuario.

No he usado ‘a drede’ el término paciente sino ciudadano porque dichos recursos pueden englobarse a información o manejo de forma preventiva (cuando aún una persona no es paciente) o porque son recursos que usan los familiares o acompañantes de los pacientes que no pueden o no saben usarlos.

Además, incluyo tres elementos de análisis en estos recursos:

  • la infoxicación (exceso de información sin filtro),
  • la validación del recurso (en el caso de un sitio de internet me refiero a las certificaciones, que en ningún momento controlan la información sino que matriculan la identificación de la fuente o del contacto con quien publica, pero insisto que no controlan sesgos ni interpretaciones)
  • la autonomía del usuario.

Ahora mezclemos esos tres elementos con claves de confianza del usuario: ¿Una web  o blog o red social, o dispositivo electrónico ‘recetado’ significa que el usuario va a comprender y contextualizarse cuando consuma ese recurso? No.

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Traigo aquí el asunto de decir que “Dr Google es un problema de infoxicación”, o lo que es lo mismo en las Apps: ¿cual de ellos es el que se adecua mejor a un paciente según su recorrido asistencial o pre asistencial? Aquí es donde me quiero situar en esto de la utilidad de la recomendación o prescripción de recursos digitales.

Pongamos ejemplos: Un paciente que se sitúa entre la fase de diagnóstico y la de tratamiento (o hacia la decisión quirúrgica, o tratamiento mental, física o bien farmacológica o radioncológica) recibe una prescripción de un sitio de internet o de una app: Según quien se lo haya prescrito le dirá que “es útil que los uses, y te vendrá muy bien para tener información, para generar datos y para economizar tiempos e incluso mejorar tu estado de salud (en el caso de que tenga validación ciéntífica y sea considerado Medical Devices, claro).

Ahora supongamos que el paciente tiene competencia para usar el recurso (habilidades digitales en red y redes sociales, o manejo del dispositivo – App, Sensor, Televisión, Gafas… ). Sin embargo, todavía no hemos cuestionado que el paciente pueda adoptar uso, tener competencia pero no sabemos si comprende en qué momento de su recorrido asistencial debe ‘individualizar’ la información para sí mismo.

Este es el punto clave: los recursos digitales y tecnológicos están lejos aún de poder situarse ante el usuario asistencial dentro de su mapa de procesos, porque esa es curiosamente la gran problemática de la comprensión del ciudadano ante su salud: Siempre tiende a comparar lo que le pasa respecto a otros casos que conoce y sin embargo no sabe discriminar que lo que necesita puede no ser igual ni parecido a otro ciudadano que ‘parece que tiene lo mismo que yo’.

En este sentido, ‘Dr Google’ imprime información en el paciente o ciudadano, mucha y probablemente mejor que la que el mundo no digital tenía, aunque seguimos con el mismo problema de la infoxicación del antiguo ‘remedio de la abuela’ porque puede producirse igual cuando recetamos links y dispositivos: se sigue sin situar al paciente o usuario en un escenario individual y en un recorrido que depende de factores como los determinantes en salud, que siguen siendo y seguirán influyendo mucho en el diagnóstico y tratamiento de un paciente que cree que tiene lo mismo que su conocido.

El gran problema de la comunicación sanitaria es que lo que informamos el paciente lo sepa situar y contextualizar para él mismo. Y ese mal endémico se produce tanto en la consultación como en la información digital.

En conclusión: estoy a favor de la recomendación de recursos digitales, pero creo que necesitamos incluir un retorno informativo de que el usuario comprende dónde está en el tiempo respecto al camino que tendrá que recorrer ante su enfermedad.

PD: Este artículo se publica con motivo del Día Internacional de Internet y la campaña en marcha #RecetaLinks en twitter  que ha promovido la Escuela de Pacientes, iniciativa de la Escuela Andaluza de Salud Pública

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